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Espacios conectados – Showroom colaborativo

Materiales que se unen. Confort que se vive: un espacio donde diseño, acústica y materialidad conectan

Durante el mes de abril, el showroom de Gabriel en Madrid se transformó en un punto de encuentro para profesionales del sector con “Materiales que se unen. Confort que se vive”, una experiencia impulsada por Absotec, Cancio y Gabriel.

Más que una exposición, este espacio colaborativo se planteó como un entorno vivo donde explorar cómo el diseño, el confort acústico y los materiales se integran para dar respuesta a las nuevas necesidades de los proyectos contemporáneos. Un lugar pensado no solo para ver, sino para sentir, escuchar y comprender el espacio desde una perspectiva más completa.

A lo largo de varios días, arquitectos, interioristas, constructoras y otros profesionales pudieron recorrer el showroom y descubrir soluciones reales aplicadas, nuevos materiales más sostenibles y distintas formas de abordar el confort en los espacios.

Tres marcas: una visión

Uno de los principales valores de la iniciativa fue su carácter colaborativo. La unión con Cancio y Gabriel nos permitió construir un discurso conjunto donde cada elemento (acústica, mobiliario y textiles) no se entendía de forma aislada, sino como parte de un sistema que influye directamente en la experiencia del usuario.

Esta visión compartida dio lugar a un espacio coherente, donde cada decisión de diseño respondía a un objetivo común: crear entornos que conectan con las personas que los habitan.

Cuando el espacio se vive de otra manera

Dentro del programa del showroom, se celebraron dos encuentros afterwork que aportaron una dimensión diferente a la experiencia.

En un ambiente más relajado, diferentes profesionales se reunieron fuera del ritmo habitual del día a día para recorrer el espacio sin guion, compartir impresiones y generar nuevas conexiones. Con una copa de vino en la mano, el showroom se transformó en un entorno más sensorial, donde el confort acústico, los materiales y el diseño se percibían de forma más natural.

Estos encuentros pusieron en valor algo esencial: que muchas de las mejores ideas y colaboraciones surgen precisamente en estos momentos informales, donde el espacio deja de explicarse y empieza a vivirse.

El resultado de esta unión son espacios habitables, cálidos, equilibrados y humanos.
Espacios que no solo se miran, se viven.

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